
Terminamos 2025, un año marcado por la subida de aranceles, el temor a una caída de la actividad y la incertidumbre. Afortunadamente la economía mundial ha resistido mejor de lo esperado y ha crecido en torno al 3%.
¿Cuáles son las perspectivas para 2026? Previsiblemente, su evolución estará condicionada por dos elementos: el comportamiento del comercio internacional y el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA). Hay otros riesgos, asociados sobre todo a los voluminosos déficit fiscales y a la necesidad de conciliar sostenibilidad fiscal e inversiones en defensa.
En términos de shocks, es posible que en 2026 la economía se enfrente a perturbaciones de oferta, tanto negativas (barreras arancelarias) como positivas (impacto de la IA). Caben, además, perturbaciones de demanda asociadas al comportamiento del gasto público en defensa, sobre todo en Europa.
Comercio internacional y crecimiento en 2026
Se estima que en 2026 la economía mundial crecerá a un ritmo similar al de 2025, el 3,1% (Tabla 1). Los países desarrollados evolucionarán al 1,6%, EEUU al 1,9% y Reino Unido y la Zona Euro al 1,2%. Esta última sigue mostrando un escaso dinamismo, si bien la recuperación de Alemania mejora sus perspectivas. La tasa de variación del PIB en España se reducirá del 2,9% al 2,1%.
Las economías emergentes crecerán al 4%. China continúa su proceso de desaceleración y disminuirá su tasa de variación del PIB del 4,6% al 4%. La actividad en India evolucionará a un ritmo rápido y similar al de 2025, 6,6%. En cuanto a las grandes economías de América Latina, Brasil crecerá al 1,8% y México al 1,4%, la primera algo menos y la segunda algo más que en 2025.
Tabla 1. Tasa de crecimiento del PIB real (en porcentaje)
| 2024 | 2025 | 2026 | |
| Economía mundial | 3.3 | 3.1 | 3.1 |
| Países desarrollados | 1.8 | 1.6 | 1.6 |
| EEUU | 2.8 | 1.8 | 1.9 |
| Zona Euro | 0.8 | 1.3 | 1.2 |
| Alemania | -0.5 | 0.2 | 1.1 |
| Reino Unido | 1.1 | 1.3 | 1.2 |
| España | 3.5 | 2.9 | 2.1 |
| Economías emergentes | 4.3 | 4.2 | 4 |
| China | 5 | 4.6 | 4 |
| India | 6.7 | 6.8 | 6.6 |
| Brasil | 3.4 | 2 | 1.8 |
| Mexico | 1.4 | 0.8 | 1.4 |
Podemos hablar, por tanto, de un crecimiento moderado en 2026. La incertidumbre ha descendido desde los niveles provocados por la pandemia del Covid y la guerra de Ucrania; continúa siendo relevante, sin embargo, en parte por las tensiones políticas entre EEUU, China y Rusia, que se transmiten al resto del mundo.
Las nuevas barreras comerciales no han desembocado en el colapso que algunos preveían, pero sí han frenado la expansión del comercio mundial. El FMI estima un crecimiento del volumen del comercio internacional de 2,9% en 2025 y 2026, menor que el 3,5% de 2024. No está claro si la fragmentación aumentará o si se contrarrestará mediante la redefinición de alianzas y la búsqueda de nuevos socios comerciales.
El impacto de los aranceles ha sido menor del previsto por varias razones. En primer lugar, los socios comerciales de EEUU han optado por la negociación y no tanto por responder con nuevas barreras. En octubre y noviembre se alcanzaron acuerdos entre EEUU y China que rebajan algunos de los aranceles y restricciones anunciados en los últimos meses. Asimismo, China suspende las trabas a las exportaciones de tierras raras, fundamentales para el sector tecnológico y en concreto la inteligencia artificial. Finalmente el arancel efectivo de EEUU permanece en la horquilla 10-20% frente a casi todos los países.
Además, los agentes económicos parecen haberse adaptado al nuevo escenario durante los periodos transitorios previos a la entrada en vigor de los nuevos aranceles. Las familias han adelantado gastos. Las empresas han anticipado proyectos de inversión y han gestionado de modo proactivo sus inventarios, sin trasladar el aumento de costes a los precios finales (en parte por la existencia de contratos a largo plazo). Finalmente, la depreciación del dólar,la contención en los precios de la energía y las condiciones financieras favorables han facilitado la estabilidad de precios y han contribuido a sostener el crecimiento en la primera parte de 2025.
Estos elementos han ayudado a mejorar las perspectivas en algunas áreas geográficas, como en EEUU, donde la demanda doméstica resiste gracias a los efectos riqueza asociados a las subidas de la Bolsa. China también ha revisado sus estimaciones al alza porque sus exportaciones han caído menos de lo previsto. El comercio continúa dinámico en el Sudeste Asiático y Europa del Este, que se benefician de la reconfiguración de las alianzas.
La UE y el gasto en defensa
La economía de la Zona Euro marcha algo mejor de lo previsto, impulsada por la demanda interna. Los efectos contractivos de la etapa de tipos de interés más altos parecen haberse desvanecido y ya se perciben las rebajas que comenzaron en junio de 2024.
En su reunión de diciembre de 2025 el BCE mantuvo los tipos de referencia sin cambios, en el entorno del 2%. La inflación se sitúa en el 2% y la energía se ha abaratado con respecto a hace un año. Los balances bancarios y el empleo son sólidos y el paro registra mínimos históricos. La tasa de crecimiento del PIB prevista para 2027 y 2028 es 1,4%, algo mayor que en 2026.
Después de las últimas negociaciones, el arancel efectivo de la Zona Euro frente a EEUU se sitúa en el 12,1%. Las nuevas barreras comerciales y la falta de competitividad de la economía europea favorecen un crecimiento de las importaciones superior al de las exportaciones, de modo que se prevé una aportación de las exportaciones netas negativa en 2025 y 2026. Los servicios, en cambio, se comportan de modo más dinámico.
Pese a la evolución positiva de los indicadores de corto plazo, la situación en la UE es compleja. La productividad no despega, como explicábamos aquí. El Estado del Bienestar europeo es caro y difícil de mantener sin comprometer la estabilidad fiscal, especialmente en un contexto de envejecimiento de la población. Y como se puso de manifiesto en los últimos años, Europa necesita reducir su dependencia del exterior en defensa y energía.
En algunos países de la UE la deuda pública se sigue acumulando con rapidez. El indicador deuda/PIB de Francia, Bélgica y España asciende al 115%, 106% y 103,4% respectivamente, lo que eleva el riesgo soberano y el coste financiero. La mayor parte de las naciones europeas necesitan una consolidación fiscal a medio plazo a través de políticas bien definidas, con reglas claras y objetivos sensatos, entre ellos la racionalización del gasto público. Un paso en esta dirección, aunque insuficiente, fue la reactivación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento hace un año, como comentamos aquí.
¿Por qué debe Europa dedicar más recursos a defensa? Después de la Segunda Guerra Mundial el mundo se dividió en dos grandes bloques en torno a EEUU y la entonces URSS, enfrentados por la guerra fría. En paralelo, se firmaron algunos acuerdos para avanzar hacia una cierta estabilidad. En 1945 se firmó la Carta de las Naciones Unidas, que establece la igualdad de los estados y prohíbe usar la fuerza en las relaciones internacionales. El tratado es vinculante para los países de la ONU y se considera fuente de derecho internacional.
La caída del Muro de Berlín en 1989 suavizó las relaciones entre Rusia, el resto de Europa y EEUU. También llevó a pensar, con cierta ingenuidad, que Rusia jugaría con reglas occidentales al convertirse en una economía de mercado. Todavía no se conocían en Occidente la ambición y determinación de Putin, presidente de Rusia entre 2000 y 2008 y desde 2012.
En 2022 el conflicto de Ucrania marcó un punto de inflexión en las relaciones internacionales. La invasión por parte de Rusia rompió la confianza en el cumplimiento de tratados internacionales como la Carta de las Naciones Unidas y el Documento de Viena. El Documento de Viena para el Fortalecimiento de la Confianza y Seguridad se firmó en 2011 entre países de Europa Occidental, EEUU, Canadá, Rusia y antiguas repúblicas de la URSS. Busca que los países firmantes avancen en el desarme y en la renuncia a la fuerza; también promueve el intercambio de información y la cooperación militares.
En estos momentos, el foco estratégico y económico para EEUU se ha desplazado a la región de Asia-Pacífico, y sobre todo a China. Es ahí donde concentra sus mayores esfuerzos y recursos. Como consecuencia, los países europeos deben asumir un protagonismo mayor en su defensa frente a Rusia e invertir en defensa para disponer de una capacidad de disuasión real. Es un desafío complejo por motivos políticos y económicos. Dedicar una parte del presupuesto a aumentar el gasto militar es impopular, especialmente cuando la demografía ya presiona las finanzas públicas (a través de las partidas de sanidad y pensiones).
El reto de la Inteligencia Artificial
El desarrollo de la Inteligencia artificial introduce nuevos interrogantes en este panorama, que se resumen en una pregunta fundamental: ¿cuánto incrementará la IA la productividad, y a qué plazo?
Inicialmente la IA se entendió como una tecnología genérica, al estilo del blockchain o las operaciones en la nube. La consolidación de los Large Language Models (LLMs) como Chatgpt, en 2022, cambió esta perspectiva: los LLMs han ido más allá de lo esperado y disponen de grandes capacidades predictivas.
¿Hasta dónde llegarán esas capacidades? Para los que podríamos denominar tecno-optimistas, hasta permitir inmensos aumentos en la productividad. Los neoluditas, en cambio, mantienen que la IA destruirá gran cantidad de empleos y en último término será perjudicial para los seres humanos.

Como siempre, lo más prudente parece ser el punto medio entre ambas concepciones. La IA tiene potencial para elevar el rendimiento de multitud de empleados; no obstante, también es cierto que, de momento, su adopción es lenta y su utilización con frecuencia superficial. Además, la IA ha llevado a inversiones ingentes con resultados no siempre espectaculares. Se calcula que el 95% de los programas pilotos en empresas todavía no han generado retorno. La IA es capaz de buscar, combinar y analizar grandes cantidades de información con eficiencia, pero es todavía poco fiable a la hora de proporcionar respuestas a cuestiones concretas. Y con frecuencia no es capaz de proporcionar enfoques nuevos y originales – modelos de negocio innovadores, por ejemplo – para resolver problemas.
En todo caso, hay ya algunos ejemplos de este estilo, como el de un fabricante de motores para embarcaciones de tamaño medio; la IA le ha capacitado para ofrecer servicios de mayor valor añadido a sus clientes, como el análisis de datos y el mantenimiento predictivo, que se traducen en cuotas de suscripción y generan ingresos recurrentes. De modo análogo, la inteligencia artificial podría ayudar a las start-ups a escalar el modelo de negocio, o a combatir la disrupción en la cadena de suministros.
Algunos expertos opinan que la IA dispone de potencial para contribuir en la gestión de grandes desafíos en los campos de la sanidad y educación, acceso al agua potable y generación de energía limpia. Existen ya algunos casos pioneros del denominado BMI-GC (Business Model Innovation for Grand Challenges). En algunos países de Asia donde el número de pediatras es escaso, como India, Pakistán y Bangladesh, se ha comenzado un proyecto que facilita la detección temprana de enfermedades en niños y su tratamiento por estudiantes de Medicina. Aquí lo explica Christoph Zott, profesor de Emprendimiento en el IESE.
La IA es también un riesgo para la estabilidad financiera porque las grandes tecnológicas suponen casi la mitad de la capitalización del S&P500. Algunos expertos consideran que las acciones de las empresas desarrolladoras de IA están sobrevaloradas. Si es así, y si los beneficios asociados a la IA no cumplen con las expectativas, es posible que la burbuja se pinche y las bolsas experimenten altos niveles de volatilidad.
En conclusión…
El mundo se está volviendo más polarizado, fragmentado y líquido, con alianzas cambiantes y altos niveles de incertidumbre. Las proyecciones para 2026 destacan tres factores clave: la evolución del comercio internacional, el impacto fiscal del gasto en defensa y los efectos de la IA, todavía difíciles de estimar.
Los pronósticos anticipan un crecimiento moderado en 2026, que podría ser mayor si las negociaciones comerciales dan lugar a rebajas de aranceles, o si la productividad crece más rápidamente gracias a la IA. En todo caso, nos encontramos ante un futuro tan incierto como interesante.