
Hace un año las perspectivas para la economía mundial eran sombrías. El nuevo año se presentaba lleno de riesgos y amenazas. Finalmente 2023 no ha sido tan negativo como se esperaba desde el punto de vista de la economía. En general, el ritmo de crecimiento ha superado las expectativas. La inflación ha remitido en parte.
Los pronósticos para 2024 son, por tanto, más favorables. Aunque la incertidumbre continúa elevada, los principales organismos internacionales sugieren que el próximo año traerá consigo una cierta recuperación a la economía mundial.
Hay tres grupos de cuestiones que concentran la atención de cara a 2024: los riesgos geopolíticos, el comportamiento de la economía en lo referente al crecimiento del PIB y la inflación y las grandes tendencias que están transformando nuestras sociedades. No son compartimentos estancos sino que están estrechamente interrelacionados; no obstante, en aras de la claridad, daremos algunas pinceladas de cada uno de ellos.
Los riesgos geopolíticos
La sensibilidad de la economía a los acontecimientos políticos continuará siendo muy elevada en 2024, año en el que están previstos procesos electorales en más de 70 países que albergan a una población superior a los 4.200 millones de personas. Además, más de la mitad del PIB mundial se produce en países dirigidos por regímenes autocráticos, más impredecibles.
En la actualidad existen tres focos principales de inestabilidad: Ucrania, el Sudeste Asiático y Oriente Medio. La guerra entre Rusia y Ucrania parece estancada desde hace meses y no se vislumbra un final cercano. Recientemente se ha producido una buena noticia para Ucrania: el 14 de diciembre de 2023 los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea acordaron poner en marcha las negociaciones de adhesión con Ucrania y Moldavia. No obstante, el apoyo procedente del otro lado del Atlántico se va enfriando, fundamentalmente por motivos políticos; en noviembre de 2024 se convocarán elecciones presidenciales en EEUU, y los votantes norteamericanos no están excesivamente proclives a continuar destinando recursos a Ucrania. Además, la posible candidatura de Trump, un político imprevisible, amplía la incertidumbre y las probabilidades de que se adopten nuevas medidas proteccionistas, en un momento especialmente delicado para el comercio internacional debido a la desaceleración de la economía china.
La relación entre EEUU y China es particularmente relevante. Y esta relación, a su vez, está condicionada por lo que ocurre en el Sudeste Asiático. Taiwan celebrará elecciones en enero con dos partidos principales en liza, muy igualados en las encuestas. Uno de ellos es favorable a estrechar los lazos con EEUU; el otro es más partidario de acercarse a China. Taiwan es crucial no solo desde el punto de vista político sino también porque produce el 60% de los microchips que se usan en el mundo y el 90% de los de última generación. Una hipotética invasión de Taiwan por parte de China pondría en peligro el suministro al resto del mundo de un producto de alta tecnología esencial hoy en día. No es muy probable que China se arriesgue a un enfrentamiento militar con EEUU, pero también es cierto que necesita reenfocar su economía a productos más intensivos en tecnología y en este sentido la antigua Formosa es un enclave de gran interés estratégico.

La disminución del crecimiento en China, como explicamos aquí, es una mala noticia para la economía mundial. El país ha crecido al 5% en 2023 según el FMI, una cifra no desdeñable pero inferior a la de las últimas décadas. El Fondo Monetario Internacional prevé tasas solo ligeramente superiores al 4% para 2024-2026. Es verdad que su desaceleración se compensa parcialmente con el creciente dinamismo de otras economías emergentes del Sudeste asiático, como Vietnam, Tailandia o Indonesia, pero estos países carecen del tamaño y del empuje de la economía china.
Como es lógico, la crisis en Oriente Medio ha afectado negativamente a los países del área y también del Norte de África. Un efecto inmediato ha sido la caída del turismo en países como Egipto o Líbano. Aunque la región produce el 35% de las exportaciones mundiales de petróleo y el 14% de las de gas, el impacto en los mercados financieros y de materias primas ha sido relativamente moderado hasta el momento.
Si bien es cierto que al comienzo de la crisis el precio del petróleo repuntó, en la actualidad se sitúa en los niveles previos al conflicto. El precio del gas, que también subió en octubre, ha descendido, aunque todavía no registra el nivel anterior a octubre. Los precios energéticos podrían dispararse si los países productores recortan la oferta, pero de momento estos disponen de capacidad ociosa para ampliar el suministro si es necesario sin tensiones de precios.
Más preocupante resulta la actitud de los rebeldes yemeníes Hutíes, respaldados por Irán. En el último mes han perpetrado más de un centenar de ataques con misiles y drones a los barcos que cruzan el Mar Rojo; inicialmente su ofensiva se dirigía a barcos israelíes, pero últimamente la han extendido a buques de cualquier nacionalidad con destino a Israel. Puesto que el Mar Rojo es una zona neurálgica para el comercio internacional, los ataques podrían entorpecer y encarecer la cadena de suministros y por tanto la oferta de un gran número de productos.
La salud de la economía
Hay dos indicadores cruciales para conocer la situación de la economía, el crecimiento del PIB y la inflación. Como se ha dicho, durante 2023 la actividad económica se ha comportado mejor de lo que se esperaba en un buen número de países. EEUU ha esquivado la recesión y Europa se ha sobrepuesto a los riesgos provocados por las irregularidades en el suministro del gas ruso. Las políticas monetarias restrictivas han logrado reducir la inflación a ambos lados del Atlántico.
La Figura 1 sintetiza, por grandes áreas geográficas, las cifras de crecimiento del PIB real durante los dos últimos años y las previsiones para 2024-2026. Como sugiere el gráfico, el crecimiento de la economía mundial ha sido y seguirá estable en torno al 3%.
Las economías emergentes de Asia componen el grupo que muestra un comportamiento más dinámico; la tasa de variación del PIB para la región supera el 5% en 2023 y estará en torno a esa cifra en los tres próximos años. África subsahariana, que en 2023 registra un 3,35%, se estabiliza en torno al 4% en el futuro próximo.
América Latina y el Caribe exhiben un comportamiento menos expansivo que las regiones anteriores. En 2022 la zona creció por encima del 4%, pero en 2023 retrocede al 2,32% y se prevé una variación del PIB similar para 2024-26 (aunque quizá levemente creciente al final del trienio). Finalmente, la zona euro muestra un perfil menos activo que las áreas anteriores y no termina de arrancar. Si bien en 2022 creció al 3,33%, en 2023 la tasa de variación del PIB se redujo al 0,66%, según datos del Fondo Monetario Internacional; en 2024 alcanzará posiblemente el 1,23%, y llegará al 1,8-1,7% al final de 2024-2026.
En síntesis, el crecimiento en 2024 será similar al de 2023, aunque algo más elevado (excepto para las naciones asiáticas); estas previsiones sugieren que la recuperación se consolida, una vez superados (al menos en parte) los efectos de la pandemia, el shock de oferta posterior, la escalada de precios de la energía y el impacto de las subidas en los tipos de interés.
Figura 1. Crecimiento del PIB real, 2022-26 (%)

Fuente: FMI. 2024-26: previsiones del Fondo
Pasemos a un análisis algo más desagregado. EEUU creció ligeramente por encima del 2% en 2022 y 2023. El FMI estima una tasa de variación del PIB para los tres próximos años del 1,5% en 2024, 1,8% en 2025 y 2% en 2026. El nivel de desempleo de la economía norteamericana es muy reducido (3,7% en noviembre) y los desajustes entre oferta y demanda de trabajo se van corrigiendo. Los empleados son ahora más reticentes a dejar los empleos, por lo que no parece que el fenómeno de la Gran Renuncia, el abandono masivo de puestos de trabajo por el descontento de los trabajadores con sus condiciones laborales, se consolide.
Las subidas de tipos de los últimos años en EEUU han doblegado la inflación, aunque todavía esté relativamente alta (3,1% en noviembre de 2023). La autoridad monetaria se muestra cautelosa y continúa con el compromiso de llegar al objetivo de inflación del 2%. En su reunión del 13 de diciembre de 2023 la Reserva Federal dejó el tipo de referencia en el 5,25-5,5%. En los últimos meses el tipo efectivo ha dejado de subir y se ha estabilizado.
En Europa el escenario es menos esperanzador y el PIB no despega. El Banco Central Europeo pronostica una tasa de crecimiento para la zona euro del 0,8% en 2024 y del 1,5% en 2025 y 2026, ligeramente por debajo de las estimaciones del FMI, como detalla aquí. El BCE atribuye el escaso crecimiento de 2023 al agotamiento del efecto rebote que siguió a la pandemia, a las subidas de tipos y a la incertidumbre todavía elevada. Espera, no obstante, que la economía se active en 2024, impulsada por la recuperación de la confianza y la expansión en el consumo y las exportaciones (derivadas, a su vez, de los aumentos en la renta disponible y el tirón de la demanda extranjera). No descarta que la retirada de los apoyos fiscales a los precios de la energía que se introdujeron en 2022 ejerza un cierto impacto negativo en el producto.
Europa crece poco, pero va ganando la batalla a la inflación. El Banco Central Europeo prevé una caída de la inflación (medida por el HIPC) desde el 5,4% de 2023 al 2,7% en 2024, 2,1% en 2025 y 1,9% en 2026. En su reunión del 14 de diciembre de 2023 el BCE también ha optado por la prudencia, dejando los tipos de interés de referencia inalterados; el tipo de las operaciones principales de refinanciación se queda en el 4,5%, el de la facilidad marginal de préstamo en el 4,75% y el de la facilidad de depósito en el 4%.
La Tabla 1 desglosa la tasa de crecimiento para algunos países de América Latina de acuerdo con el FMI. En 2023 Argentina y Brasil han experimentado tasas de variación negativas. Guatemala, Brasil, México y Paraguay han crecido por encima del 3%. Las previsiones apuntan a crecimientos superiores al 3% el próximo año en Guatemala, Uruguay y Paraguay. El FMI es también moderadamente optimista en los próximos años con respecto a Honduras, Perú e incluso Argentina (aunque es muy difícil predecir cómo va a evolucionar su economía). No vemos en la tabla pronósticos espectaculares para el trienio venidero, pero tampoco cifras excesivamente bajas.
Tabla 1. Crecimiento del PIB real, 2022-26 (%), América Latina

Fuente: FMI. 2023: estimación. 2024-26: previsiones del Fondo
La situación mejora. pero la incertidumbre continua elevada y no es momento para la complacencia o la euforia. Los bancos centrales deben seguir extremando la cautela para no perder el terreno conseguido en la lucha contra la inflación, por lo que en los próximos meses los tipos continuarán relativamente altos y el crédito restringido, tanto para empresas como para los gobiernos y sector público. A su vez, el marco financiero sugiere que la prudencia fiscal debe acompañar a las condiciones monetarias: los expertos recomiendan evitar las alegrías en el gasto público, mantener la deuda pública controlada y aumentar la eficiencia recaudatoria; de esta forma se podrán reducir los déficit primarios y lograr así margen de maniobra para otros posibles shocks o amenazas a la estabilidad presupuestaria, por ejemplo derivadas del aumento en la longevidad.
Las megatendencias
Todo esto ocurre en un contexto en el que los acontecimientos se suceden a gran velocidad, generando profundas transformaciones tecnológicas, sociales y políticas.
La utilización de la inteligencia artificial (IA) ha avanzado de forma muy rápida en los últimos años. Llevamos algunos años conviviendo con la IA, que se aplica en los motores de búsqueda, el reconocimiento de imágenes o los asistentes virtuales como Alexa o Siri. Desde hace tiempo se emplean el machine learning y el deep learning, que pueden considerarse particularizaciones de la inteligencia artificial. No obstante, los progresos en este campo se han acelerado en los últimos meses y han alimentado el debate sobre las amenazas que presenta la IA. La popularización de ChatGPT ha generado cierto pánico, llamadas de advertencia por parte de empresarios y científicos e intentos de regulaciones por parte de gobiernos.
Es cierto que la IA conlleva riesgos que todavía no se han identificado o cuantificado en su totalidad. Sabemos que la inteligencia artificial introducirá multitud de cambios en nuestra forma de aprender, trabajar y actuar, y está todavía por ver qué empleos serán redundantes en un mundo en el que la IA es capaz de componer poesías, suministrar código o doblar películas. Crea, asimismo, un sinfín de nuevas oportunidades empresariales y empleos. En todo caso parece más sabio tratar de superar la visión negativa y catastrofista de los pesimistas que solo ven amenazas en el progreso y mantener una mente abierta ante sus inmensas posibilidades.
En paralelo, la combinación del aumento de la esperanza de vida y el descenso de la natalidad conducen a un envejecimiento de la población en los países desarrollados y algunos emergentes como China. El incremento de la longevidad es indudablemente positivo, pero también plantea desafíos. Esta tendencia demográfica modifica los perfiles de consumo, ahorro y oferta de trabajo de una parte de los individuos, y todavía no se conoce en profundidad cómo impacta en la economía. ¿Aumenta el ahorro y el crecimiento? ¿Reduce el ahorro y el crecimiento? Hay argumentos de ambos tipos. Sí parece evidente que el alargamiento de la vida eleva el gasto sanitario y cuestiona la solvencia de los sistemas de pensiones basados en el reparto, como los que existen en algunos países europeos (España entre ellos).
Otra tendencia social con protagonismo creciente es la sensibilidad hacia el medio ambiente y la preocupación por la sostenibilidad en el uso de los recursos naturales. No obstante se detecta cierto cansancio en una parte de la población, y también quizá algo más de realismo en los planteamientos políticos.
En conclusión…
A diferencia del año pasado, 2024 comienza con cierto optimismo. Es posible que en este año se consolide la recuperación. Pero los riesgos son numerosos. El escenario económico se verá muy posiblemente afectado por los acontecimientos políticos (atención ahora a la crisis en el Mar Rojo) y por las grandes tendencias tecnológicas y demográficas que van transformando nuestras sociedades.