
El enigma del consumo en la jubilación: qué es y por qué importa
Los recientes cambios demográficos y el aumento de la esperanza de vida están modificando la distribución por edades de la población en muchos países. Estas tendencias tienen implicaciones profundas no solo para los sistemas de pensiones y el gasto sanitario, sino también para variables macroeconómicas clave como el crecimiento económico y la productividad.
El stock de capital humano, la experiencia y las capacidades de las empresas pueden verse negativamente afectados si la rotación de empleados no se gestiona de manera adecuada y proactiva, con posibles efectos perjudiciales sobre la productividad. La literatura en gestión empresarial ya ha analizado esta cuestión. En un trabajo reciente, Böckerman et al. (2025) muestran que algunas estrategias de gestión de recursos humanos —como el intercambio de información y la formación— pueden aumentar el compromiso de los empleados, retrasar la jubilación y facilitar la retención del talento en las empresas, contribuyendo así al mantenimiento de los niveles de productividad.
El impacto del envejecimiento de la población sobre otras variables macroeconómicas cruciales, como el consumo y el ahorro, aún no se comprende completamente. Durante décadas, los economistas han debatido un fenómeno conocido como el enigma del consumo en la jubilación (Retirement Consumption Puzzle): la observación empírica de que el gasto de los hogares parece disminuir cuando las personas se jubilan. A primera vista, este resultado resulta difícil de reconciliar con la hipótesis del ciclo vital, según la cual los individuos planifican con antelación y suavizan su consumo a lo largo del tiempo. De acuerdo con esta teoría, las personas ahorran durante su vida laboral y utilizan esos ahorros en la jubilación para mantener un nivel de vida estable.
Sin embargo, la evidencia empírica, iniciada por Banks et al. (1998), documentó una caída significativa del gasto en el Reino Unido cuando las personas abandonan el mercado laboral. Esta anomalía también se ha observado en otros países. La reducción del consumo, por tanto, resulta inconsistente con un comportamiento plenamente anticipador y llevó a los economistas a cuestionarse si los individuos estaban ahorrando lo suficiente o planificando adecuadamente su jubilación. La falta de concordancia entre la teoría y los datos observados impulsó el desarrollo de una línea de investigación orientada a arrojar luz sobre esta paradoja.
El artículo “Revisiting the Consumption Puzzle at Retirement”, recientemente publicado por José M. Labeaga y por mí, reexamina esta cuestión utilizando datos de España y analiza si la aparente caída del consumo en la jubilación constituye realmente un enigma o si puede explicarse por cambios previsibles en el comportamiento y en los patrones de gasto.
El caso español resulta especialmente interesante: durante el periodo analizado, las instituciones económicas se modernizaron y consolidaron; el sistema de pensiones —basado en un esquema de reparto— también evolucionó y experimentó diversas reformas. Por ello, el análisis requiere un enfoque que combine elementos microeconómicos, macroeconómicos y econométricos.
Nuestro enfoque metodológico
Trabajamos con bases de datos microeconómicas detalladas para España, recopiladas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) para el cálculo de los índices de precios. Los datos proceden de encuestas bien diseñadas, como la Encuesta Permanente de Consumo (1977-1983) y la Encuesta Continua de Presupuestos Familiares (1985-1996). Estas encuestas presentan una dimensión longitudinal relativamente amplia (8 y 4 observaciones por hogar, respectivamente) y pueden organizarse como paneles. Como contraste de robustez, también analizamos datos de 2016–2022 procedentes de la Encuesta de Presupuestos Familiares (en este caso organizados por cohortes en función de la fecha de nacimiento).
Tal como sugiere la teoría del ciclo vital, el consumo debería evolucionar de forma suave en torno a la jubilación, sin discontinuidades. Además, si el modelo del ciclo vital se cumple, el consumo de los jubilados no debería verse afectado por reformas contemporáneas del sistema de pensiones. Nuestro análisis permite contrastar estas hipótesis.
En particular, estimamos una ecuación de Euler para el consumo, derivada de un modelo teórico estándar en el que los individuos maximizan su consumo sujetos a una restricción presupuestaria. Este marco permite analizar la relación entre el tipo de interés y el crecimiento del consumo, controlando por factores demográficos, shocks macroeconómicos y reformas del sistema de pensiones. Para abordar posibles problemas de endogeneidad, utilizamos el Método Generalizado de los Momentos (GMM) cuando la dimensión temporal de los datos lo permite (subperiodos 1977–1983 y 1985–1996).
El análisis para 2016–2022 se basa en un enfoque ligeramente distinto. La encuesta modificó su metodología a lo largo del tiempo y, a partir de 2006, redujo su dimensión longitudinal. Los individuos fueron entrevistados solo dos veces, con un intervalo de doce meses. Ante la falta de una estructura de panel, construimos un pseudopanel agregando por cohortes de edad.
Principales resultados
Nuestros datos muestran que el crecimiento del consumo está negativamente correlacionado con la jubilación, lo que sugiere la existencia de una discontinuidad y, por tanto, una desviación respecto al modelo del ciclo vital. Encontramos una caída del consumo en el momento de la jubilación en España en los periodos 1977–1983, 1985–1996 y 2016–2022, robusta a diversas especificaciones y comparable a la observada en otros países.
La magnitud media de esta caída es del 10%–13,5% en 1977–1983, del 5% en 1985–1996 y del 2% en 2016–2022, en línea con la literatura y con el contexto macroeconómico de cada periodo. La reducción progresiva de esta caída a lo largo del tiempo es consistente con la evolución de la economía española, caracterizada por el desarrollo paulatino de los mercados financieros y una reducción de la incertidumbre.
Además, separamos el efecto de la jubilación sobre el consumo de otros factores simultáneos, como el aumento de las pensiones reales, observando que estos efectos tienen signos opuestos y pueden compensarse en las estimaciones empíricas.
Ni los gastos relacionados con el trabajo ni los gastos sanitarios parecen explicar la caída del consumo en nuestros datos. Como señalan Aguiar y Hurst (2013), muchos gastos asociados al empleo desaparecen al abandonar el mercado laboral (transporte, ropa o comidas fuera del hogar).
Al mismo tiempo, la jubilación modifica la asignación del tiempo. Las personas jubiladas disponen de más tiempo libre, lo que les permite sustituir gasto monetario por el tiempo en diversas actividades. Por ejemplo, pueden cocinar en casa en lugar de comer fuera o dedicar más tiempo a comparar entre comercios en busca de precios más bajos. Estos cambios reducen el gasto monetario, pero no necesariamente implican una disminución del consumo real o del bienestar.
No obstante, estos factores no parecen ser especialmente relevantes en el caso español. La evidencia sugiere que la caída del consumo está principalmente impulsada por la incertidumbre, en particular sobre los ingresos futuros por pensiones. En nuestra opinión, la limitada educación financiera, la opacidad regulatoria y la complejidad de las normas del sistema de pensiones podrían dificultar la formación de expectativas precisas por parte de los individuos.
Implicaciones para la política económica y la planificación de la jubilación
En resumen, el artículo “Revisiting the Consumption Puzzle at Retirement” analiza empíricamente cómo responde el consumo a la jubilación y a las variaciones en las pensiones, utilizando datos detallados para España. Los resultados apuntan a una caída del consumo en la jubilación y a aumentos del gasto cuando las pensiones crecen en términos reales.
Comprender mejor el comportamiento de los individuos en la jubilación tiene importantes implicaciones tanto para los responsables de política económica como para los propios ciudadanos. Las medidas orientadas a clarificar el sistema de pensiones y reducir la incertidumbre sobre los ingresos futuros podrían favorecer trayectorias de consumo más estables, tanto en el plano individual como agregado. Estas reformas son especialmente relevantes en países con sistemas de pensiones de reparto, donde las pensiones futuras dependen en gran medida de decisiones políticas y regulatorias difíciles de prever.
Los programas destinados a mejorar la planificación financiera a lo largo del ciclo vital pueden resultar también útiles. Del mismo modo, las estrategias que reduzcan la carga fiscal efectiva sobre los jubilados podrían contribuir a mantener niveles de consumo más estables en la vejez y evitar caídas del consumo agregado que perjudiquen a la economía.
Referencias
Aguiar, M. and Hurst, E. (2013). “Deconstructing life cycle expenditure”, Journal of Political Economy 121, 3, 437-492.
Banks, J., Blundell, R. and Tanner, S. (1998). “Is there a retirement-savings puzzle?”, American Economic Review 769-788.
Böckerman, P., Bryson, A., Ilmakunnas, I. and Ilmakunnas, P. (2025). “Does high involvement management make you work longer? Insights from linked survey and register data”, The Journal of the Economics of Ageing 30, 100549.