
Después de varias décadas de liberalización comercial, el anuncio de subidas de aranceles por parte de EEUU ha cambiado el marco del comercio internacional. La medida busca proteger la producción estadounidense frente a la competencia de otros países, fundamentalmente China. El post anterior disponible aquí proporcionó algunas pinceladas sobre la gestación del problema. En este hablamos de algunos de sus efectos y de las oportunidades que abre.
¿Cuáles son los efectos del proteccionismo?
Como su nombre indica, el proteccionismo protege la producción doméstica frente a los bienes y servicios procedentes de otros países. A corto plazo incentiva la compra de artículos del propio país al encarecer los bienes de la competencia, lo que podría parecer beneficioso. No obstante, los aranceles ocasionan efectos dañinos a medio plazo a la nación que los aplica: desincentivan el esfuerzo de las empresas por innovar, emplear los inputs con más eficiencia y aumentar la productividad.
En la actualidad los procesos productivos están muy integrados; buena parte del comercio consiste en flujos de bienes intermedios que transitan de unos países a otros antes de incorporarse a la cadena productiva de los bienes finales. Los aranceles encarecen las materias primas y bienes intermedios procedentes de otros mercados, y este aumento de coste se soporta entre el productor (cuyo margen será menor) y el comprador del bien (que se enfrentará a un precio mayor). Si los aumentos de precios son generalizados, la inflación en el país subirá. Unas estimaciones recientes del Banco de la Reserva Federal de San Francisco sugieren que un arancel del 25% encarecerá los bienes de inversión en EEUU un 9,5% y los bienes de consumo un 2,2%. En definitiva, los aranceles actúan como un shock negativo de oferta en el país que los impone.

El proteccionismo aumenta la incertidumbre sobre el precio final de los bienes y retrasa o reduce los proyectos de inversión. La Figura 1 muestra la evolución de la incertidumbre asociada a la política comercial: el indicador se ha disparado en los últimos meses. En un escenario así las instituciones financieras reevalúan el riesgo y restringen el crédito. Asimismo, es frecuente que los aranceles requieran trámites administrativos y burocracia adicionales, lo que favorece la corrupción y la búsqueda de rentas.
Para los países exportadores, el arancel del socio comercial actúa como un shock de demanda negativo, reduciendo la producción y el precio del bien afectado. Es habitual que los socios comerciales reaccionen a una medida proteccionista estableciendo barreras similares. La cadena de suministro se altera, la actividad se reasigna geográficamente y resulta más dificil tomar decisiones acertadas. El resultado es una reducción en los flujos de comercio, transferencia de tecnología y crecimiento del PIB. Es el mecanismo opuesto a la liberalización comercial; la historia muestra que las etapas de libre comercio se asocian a estabilidad, crecimiento y reducción de la pobreza. El ejemplo más claro es el proceso de globalización que comenzó en el decenio de 1990.
Figura 1. La incertidumbre sobre la política comercial
Tanto los argumentos teóricos como la evidencia empírica alertan sobre los estragos que causa el proteccionismo. No obstante, a corto plazo puede conllevar oportunidades para algunos países. La política arancelaria del presidente Trump se orienta a restringir las exportaciones que China y otros países del Sudeste Asiático dirigen a EEUU. Es una ocasión de oro para los países capaces de reemplazar a estas economías en los mercados estadounidenses. Y una de las áreas geográficas mejor situadas en este aspecto es América Latina.
Los nuevos aranceles en América Latina
En general, los nuevos aranceles previstos para los países de América Latina son moderados porque sus balanzas comerciales reflejan un déficit con respecto a EEUU (al contrario de lo que ocurre con las naciones asiáticas). De acuerdo con lo anunciado desde la Casa Blanca, los países de América Latina se enfrentan a un arancel nominal o teórico del 10%, excepto en los casos de Guyana (38%), Nicaragua (18%) y Venezuela (15%). Además, a México le corresponde un arancel del 25% por pertenecer a la zona de libre comercio establecida por NAFTA.
EEUU es un socio comercial importante para América Latina, por lo que no parece probable que se establezcan aranceles recíprocos. Los gobiernos del área, de hecho, están optando por negociar reducciones y exenciones en las barreras arancelarias. Como su margen de maniobra económico es limitado, es probable que las contraprestaciones se asocien a una firmeza mayor en la lucha contra el narcotráfico y la emigración ilegal y a una actitud más proclive a la entrada de inversión directa externa.
No a todos los artículos corresponde el arancel general del 10%; algunos productos están exentos y otro (como el acero, el aluminio y los componentes de vehículos) soportan porcentajes más altos porque compiten directamente con productos estadounidenses. Si se consideran los casos particulares, el arancel efectivo para un buen número de países del área se sitúa por debajo del 10%, como ilustra la Figura 2. El gráfico muestra, asimismo, que los países con mayores aranceles efectivos son los de Centroamérica (que exportan componentes automovilísticos, acero y aluminio). En cambio, el arancel efectivo para Argentina, Chile y Colombia queda en el 6,7%, 5,6% y 5,5%, respectivamente.
México supone un caso especial. Partía de una situación aparentemente favorable por su pertenencia a NAFTA, junto con Canadá. En 2023 México reemplazó a China como principal socio comercial de EEUU. No obstante, EEUU ha impuesto a México y Canadá un arancel general del 25%. En las últimas semanas ha logrado algunas exenciones, de modo que es posible que su arancel efectivo se sitúe en el 10,5%.
Figura 2. Aranceles nominales y efectivos de EEUU respecto a los países de América Latina (%)

Fuente: Center for Global Development y elaboración propia
Los riesgos
Las nuevas medidas entrañan riesgos para los países de América Latina. El más inmediato es la pérdida de competitividad de sus exportaciones debido al arancel, más pronunciada en los artículos que EEUU desea proteger explícitamente: aluminio y acero (lo que afecta de modo particular a Argentina y Brasil) y componentes automovilísticos (México). El segundo es la bajada en los precios de determinadas materias primas, como el cobre o el petróleo.
La posible desaceleración de la actividad económica en China podría ser asimismo perjudicial. Mientra que el principal socio comercial de los países de América Central y México es EEUU, para los países de América del Sur el aliado más importante es China. Una reducción del crecimiento en China, por tanto, disminuiría la demanda y el precio de buena parte de las exportaciones de América del Sur. Por eso la estrategia de política económica que adopte China es crucial para el continente. Si incentiva el consumo con medidas fiscales o consolida mercados alternativos para sus productos (la UE, por ejemplo) de manera que su crecimiento se mantenga, se reduce el riesgo para sus socios de América del Sur. Además, China es un importante inversor en infraestructuras en el continente.
El Fondo Monetario Internacional ha recortado el crecimiento previsto para America Latina en 2025 desde el 2,5% en enero al 2% en abril. En el caso de México, la previsión de crecimiento ha pasado del 1,4% a una contracción del 0,3%. No obstante, el FMI prevé para el año en curso una evolución más favorable de la inflación en la zona: en 2024 fue 16,6%, mientras que para 2025 estima un 7,2%.
Las oportunidades
Este escenario genera varias oportunidades a los países del área: reemplazar a los exportadores asiáticos en los mercados de EEUU, estrechar lazos comerciales con la Union Europea (a través, por ejemplo, de un tratado entre la UE y Mercosur) y suministrar a los países asiáticos parte de los productos que previamente exportaba EEUU.
Los países de América Latina presentan algunos rasgos que les facilitan reemplazar la producción asiática en los mercados estadounidenses. Por una parte, sus economías están relativamente diversificadas. México y Centroamérica exportan manufacturas y América del Sur recursos naturales. Además, su posición geográfica permite que los costes del transporte de su producción a EEUU sean moderados.
Parte del reto es logístico. Sin embargo, el índice de comportamiento logístico, que mide elementos como la infraestructura, las aduanas y la capacidad de seguimiento de los pedidos, muestra que Brasil, Panamá, Chile, Perú, Uruguay, Colombia, Costa Rica, Honduras y México disponen de un nivel logístico adecuado (de acuerdo con el análisis de JP Morgan disponible aquí).
México y América Central están en condiciones favorables para exportar manufacturas a EEUU, reemplazando a los proveedores asiáticos. Honduras, Guatemala y Nicaragua presentan costes laborales bajos; Costa Rica y Guatemala ya reciben inversiones relevantes. Costa Rica produce semiconductores y alberga una industria de instrumental médico (en alianza con Abbott), mientras Guatemala acoge inversiones y establecimientos de Walmart .
Es posible que los países ricos en recursos, como Argentina, Chile, Colombia y Perú, ofrezcan oportunidades de inversión a empresas estadounidenses en sectores clave, como minería, energía e infraestructuras. Esta estrategia daría lugar a otros efectos positivos, porque la inversión directa externa genera transferencia de tecnología, learning by watching, difusión de mejores prácticas y crecimiento económico. En paralelo, estos países están redirigiendo sus exportaciones hacia Asia.
Chile y Perú, que producen el 40% del cobre mundial, ya consideran a China como su principal socio comercial y exploran oportunidades en India. Durante el primer mandato de Trump, China buscó proveedores de soja capaces de reemplazar a los estadounidenses. Estableció una alianza con Brasil que ha resultado provechosa. Brasil aspira a consolidar esta relación y también busca exportar productos cárnicos a Japón (que importaba el 40% del total de EEUU). Además, Brasil es uno de los mayores productores mundiales de café, junto con Vietnam, Indonesia y Colombia. EEUU ha propuesto un arancel del 46% para Vietnam y 32% para Indonesia, con el fin de penalizar la relocalización de productores chinos a estos países del Sudeste Asiático. Estas barreras podrían propiciar las exportaciones de café de Brasil y Colombia a EEUU. Brasil también podría sustituir a China en los mercados estadounidenses de calzado.
El caso de Argentina es más complejo. EEUU fue su segundo mayor destino de exportaciones en 2024. A priori las nuevas medidas proteccionistas favorecen a los productos agrícolas argentinos pero perjudican al acero y aluminio. El presidente Milei es reticente a volver al proteccionismo del pasado, que fue deletéreo para Argentina. EEUU está priorizando sus negociaciones con un grupo de países en el que se encuentra Argentina, y trabaja en un acuerdo de libre comercio con Argentina que beneficiaría a este último. De hecho, ya existe un acuerdo de cooperación entre EEUU y Argentina referente a minerales críticos para el sector tecnológico americano, como el cobre y el litio; el acuerdo es relevante para Argentina porque produce un tercio del litio mundial conjuntamente con Chile. Por otra parte, China ha firmado recientemente un principio de acuerdo con exportadores argentinos de soja, maíz y aceite vegetal. Argentina se beneficiaría, asimismo, de un posible acuerdo entre Mercosur y la UE, que facilitaría la exportación del aluminio argentino a Europa.
Conclusión
Los aranceles desincentivan la búsqueda de la eficiencia, elevan los precios, generan incertidumbre y reducen la inversión. También disminuyen los flujos comerciales, el crecimiento y la transferencia de tecnología. El desenlace más favorable para todos es la vuelta progresiva al libre comercio. Si no es así, hay circunstancias que pueden convertirse en oportunidades para algunos países. Las naciones de América Latina están en condiciones favorables para exportar a Asia y adquirir una cuota de mercado más alta en EEUU.
Es crucial aprovechar este escenario mediante la búsqueda de nuevos mercados y acuerdos y el desarrollo de infraestructura y capacidad logística. Otras prioridades son el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica y política y la consolidación de instituciones sólidas. En el decenio de 1960 buena parte de América Latina optó por la orientación al interior y las trabas al comercio, con resultados negativos. Ante la nueva oportunidad de abrirse al exterior, es esencial tomar decisiones y diseñar estrategias con argumentos técnicos y empíricos, evitando la tentación del populismo.
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