
El conflicto entre Israel y Gaza se extiende. En los últimos meses los hutíes de Yemen han atacado con misiles y drones numerosos barcos que cruzaban el Mar Rojo. En la madrugada del 12 de enero de 2024, y después de repetidas advertencias de la comunidad internacional, Estados Unidos bombardeó algunos centros logísticos desde los que se orquestaban los ataques. La operación se realizó conjuntamente con Reino Unido y con el apoyo de Australia, Bahrein, Canadá y Holanda.
¿Qué ocurre en el Mar Rojo?
Los hutíes buscan denunciar las operaciones de Israel en Gaza y apoyar a Hamas. Al principio asaltaban barcos con origen y destino en Israel, pero posteriormente extendieron sus asaltos a otros barcos de mercancías en tránsito por el Mar Rojo. No trataremos aquí sobre el conflicto entre Israel y Palestina porque excede el ámbito de estas líneas: es un problema complejo, delicado, con raíces históricas que se remontan a más de un milenio y lleno de aristas.
Se han constatado al menos 27 asaltos en el Mar Rojo, que han afectando a unos 2.000 barcos y a tripulaciones de más de 40 países. También se han cometido actos de piratería, como el secuestro de 25 miembros de una tripulación, en su mayoría filipinos, poco sospechosos de estar involucrados en los conflictos en Oriente Medio. Más recientemente los hutíes han atacado directamente a barcos norteamericanos.
En paralelo, la comunidad internacional ha intentado disuadir a los hutíes de su estrategia. Más de 40 países han condenado los ataques y más de 20 han formado una coalición para impedirlos. La fuerza conjunta Guardián de la Prosperidad patrulla el Mar Rojo y ha logrado interceptar armamento y entorpecer algunas operaciones, pero de momento sus éxitos son limitados.
El 3 de enero de 2024 el Consejo de Seguridad de la ONU realizó un llamamiento a desescalar el conflicto. No tuvo éxito. El 10 de enero el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 2.722 pidiendo a los hutíes el cese de los asaltos. La resolución recibió 11 votos favorables y ningún voto en contra, junto con la abstención de Rusia, China, Argelia y Mozambique (Argelia y Mozambique son en la actualidad miembros no permanentes del Consejo de Seguridad).
Yemen y los hutíes
Los hutíes procedían en su origen de la tribu hutí, del norte de Yemen. Este país, situado en un extremo de la península arábiga, posee más de 33 millones de habitantes y una extensión similar a la de España. Con una renta per cápita de unos 700 dólares escasos, es el país más pobre de Oriente Medio. Su nivel de desarrollo humano es también modesto: la esperanza de vida fue de 63,75 años en 2021 y aproximadamente la mitad de la población está en riesgo de pobreza.
El país no ha sido siempre pobre. Fue posiblemente la sede del reino de Saba y en su territorio, húmedo y fértil, florecieron varias civilizaciones prósperas y cultas en el primer milenio antes de Cristo. Su posición estratégica le permitió controlar el tráfico de especias entre Asia y el Mediterráneo. Más tarde perteneció al califato de Bagdad y al imperio otomano, del que se independizó después de la Primera Guerra Mundial. Durante el siglo XX fue el escenario de varias guerras civiles y de enfrentamientos con su vecino Arabia Saudí y con otros países de la zona. En la década de 1960 el país se dividió en Yemen del Norte y Yemen del Sur; este último fue el primer estado árabe comunista. En 1990 el Norte y el Sur se reunificaron, pero las tensiones entre ambas áreas continuaron, complicadas además por la presencia de Al-Qaeda. En la última década el país se ha gobernado por un partido hegemónico islamista que incluye una facción hutí.
Los hutíes que atacan hoy en el Mar Rojo componen un grupo armado radical islamista, de predominio chiíta y apoyado por Irán. El grupo se consolidó en los años 90 como oposición al entonces presidente de Yemen, al que acusaban de estar demasiado vinculado a EEUU. El impulsor del grupo fue un clérigo, Al-Houthi– próximo a Jomeini y a Hezbolá – que encabezó revueltas anti-americanas y anti-israelíes. Los hutíes controlan hoy el noroeste del país y continúan opuestos al gobierno de Yemen.
Los hutíes consideran a EEUU, Israel y Arabia Saudita como sus principales enemigos; en cuanto a sus aliados, los hutíes se ven como parte del eje de resistencia liderado por Irán y al que pertenecen también Hezbolá (el grupo terrorista libanés) y las milicias palestinas de Hamas. De hecho, es muy probable que el moderno arsenal de que disponen en la actualidad haya sido proporcionado por Irán, y que los hutíes hayan compartido campos de entrenamiento y tácticas con Hezbolá y Hamás.
Implicaciones de los ataques: el comercio internacional y la cadena de suministros
Los asaltos en el Mar Rojo son graves no solo por su violencia y porque suponen una extensión del conflicto a otros turbulentos actores del mundo musulmán sino también por sus consecuencias económicas para una parte importante de la población mundial. Asimismo ponen en peligro la libertad de navegación.
En la actualidad más del 80% del comercio internacional se transporta por barco. Un 10% del tráfico total atraviesa el Mar Rojo, corredor clave en el comercio entre Asia y Europa. Se accede desde el sur al Mar Rojo a través del estrecho de Bab al-Mandab, entre Yemen, Eritrea y Yibuti. El estrecho mide solo unos 20 kilómetros de ancho, por lo que durante su travesía los buques son especialmente vulnerables.
Los ataques hutíes están entorpeciendo notablemente el tráfico en la zona. Muchos buques desconectan sus sistemas de posicionamiento para evitar ataques, lo que dificulta la circulación, provoca accidentes y encarece los seguros. El tránsito a través de esta ruta se ha reducido ya de modo acusado, como muestra la Figura 1. Cada vez más las grandes navieras, como Maersk, MSC o Hapag-Lloyd, buscan otras vías para eludir a los hutíes. En el caso del transporte entre Asia y Europa, la alternativa implica desviarse hacia el Sur bordeando el Cabo de Buena Esperanza, con un notable aumento de los costes y el tiempo de transporte. Por ejemplo, los envíos desde Shanghai a España cuadriplican su precio y tardan 20 días más si lo hacen circunvalando la costa africana.
Figura 1. Volumen de tránsito diario a través del Estrecho de Bab al-Mandab (Toneladas)
Fuente: Global Platform; PortWatch y https://www.allianzgi.com/en/insights/outlook-and-commentary/red-sea-disruption
En la actualidad las cadenas de suministros se racionalizan al máximo, de modo que el tiempo de transporte entre distintos puntos está muy ajustado. Si un barco llega a un puerto con retraso, es posible que no pueda descargar su carga porque el espacio destinado a almacén esté ocupado por otros productos, lo que suma una demora adicional. La mercancía queda detenida, generando nuevos cuellos de botella y congestión. Se produce un círculo vicioso de retrasos, atascos y nuevos retrasos y atascos que se acumulan y se trasladan a los costes. El índice Drewry que sintetiza los precios del transporte marítimo de contenedores ha aumentado un 77% entre enero de 2023 y enero de 2024.
El conflicto afecta especialmente a productos como la madera, el aceite de palma y los componentes intermedios que exportan las economías emergentes de Asia, países que no se pueden en general calificar como ricos (y que no son ni EEUU ni Israel, los considerados como enemigos por los hutíes). El impacto en la energía es también importante, puesto que alrededor de un 12 % del petróleo y un 8% del gas natural comerciado y transportado por mar circulan por el Estrecho de Bab al-Mandab y el Canal de Suez.
Algunas industrias están comenzando a acusar la falta de componentes importados, desde Tesla hasta Ikea; asimismo, numerosos exportadores manifiestan su preocupación por la disrupción del tráfico marítimo. La situación podría agravarse aún más ante la inminencia del Año Nuevo Chino, el 10 de febrero, que supondrá el cierre temporal de las fábricas en el gigante asiático.
Los sectores potencialmente más afectados por la crisis son el comercio minorista (que conecta a multitud de consumidores con la producción asiática), los automóviles y los productos de tecnología avanzada. Los artículos electrónicos de consumo de pequeño tamaño y los semiconductores se transportan ya masivamente por avión, pero aquellos más grandes, como las televisiones o la maquinaria, se envían por mar.
Otros riesgos
Aunque no es probable, no puede descartarse el contagio a otras áreas, como el Mar de China Meridional, por el que circula un tercio del comercio mundial. En esta zona se encuentra otro enclave estratégico, el Estrecho de Malaca, que separa la costa Oeste de Malasia de Indonesia. Es también bastante angosto y está muy congestionado. Tanto el petróleo que va a Japón y a China (dos de los principales consumidores mundiales) como buena parte del comercio entre Europa y Asia circulan por este estrecho. Malasia e Indonesia son países musulmanes pero no especialmente belicosos, aunque no inmunes a ataques terroristas. Otro posible punto caliente es el Estrecho de Ormuz, entre Oman e Irán. Situado a la salida del Golfo Pérsico, es de suma relevancia para el transporte de petróleo.
Es posible que el conflicto ejerza efectos macroeconómicos; el aumento de costes de transporte, en particular de productos energéticos, puede presionar al alza la inflación; el momento es inoportuno porque la subida de precios empezaba ya a reducirse en muchas áreas y los bancos centrales a contemplar bajadas de los tipos de interés a medio plazo. También puede obstaculizar el comercio mundial en una época en que ya están presentes otras amenazas, como el proteccionismo o la reducción del crecimiento en China, dañando asimismo el crecimiento del PIB, que ya comenzaba a expandirse. Estas consecuencias perjudicarían a multitud de naciones, tanto desarrolladas como en desarrollo, y muy en particular a países emergentes de Asia como Vietnam, Tailandia, Indonesia, Malasia o Filipinas, que buscan consolidar sus exportaciones y son ajenos a la tensión en Oriente Medio. Si la inestabilidad continúa, los empleados de multitud de empresas, desde una modesta conservera vietnamita hasta una pequeña explotación de aceite de palma en Malasia pasando por una planta de montaje valenciana, también podrían sufrir.
Este escenario tampoco es favorable para Yemen. El país ocupa el puesto 187 de los 190 países del ranking Doing Business, que ordena las naciones según la facilidad que ofrecen para la actividad empresarial. Parece claro que lo último que necesita el país es un grupo terrorista en acción que avive la inestabilidad y el conflicto e impida la inversión y la actividad empresariales. Sería mucho más acertado que la nación procurara aprovechar su posición estratégica entre varios continentes, como ya hizo en el pasado, y rentabilizara el tráfico continuo por sus orillas de una parte importante del comercio mundial.
El país no está en absoluto abocado irremisiblemente a la pobreza. Como los acontecimientos de los últimos cien años han mostrado (y de esto los españoles disponemos de experiencia de primera mano, por desgracia), tampoco va a lograr abandonarla a través del terrorismo, el conflicto y la violencia. Seguramente determinados sectores de opinión vinculan su falta de desarrollo a la presunta explotación por parte de EEUU, Israel y Arabia Saudita. Parece más equilibrado, no obstante, pensar que la explicación está más relacionada con la herencia de las décadas de intervencionismo estatal, la inestabilidad política y social, la escasa educación y consolidación del estado de derecho y de las instituciones políticas y sociales, la corrupción y la ausencia de un clima favorable a la actividad empresarial y emprendedora. Así nos lo han enseñado las contribuciones de grupos de economistas brillantes de los últimos decenios.
Conclusión
Los hutíes, en su cruzada en apoyo de Hamás, están dificultando y encareciendo el trafico marítimo en el Mar Rojo, zona muy transitada por los buques que conectan Asia y Europa. Los conflictos conllevan elegir otras rutas, más largas, con mayores costes de combustible, emisiones y seguros. La consecuencia es el encarecimiento de la energía, el combustible y los productos de consumo. Se perjudica el transporte de productos intermedios, lo que ya está afectando a la industria. Hay riesgo de retrasos en el abastecimiento y de interrupciones y cuellos de botella en la cadena suministros.
Los efectos macroeconómicos, como un aumento de la inflación, un descenso del volumen de comercio y un deterioro del crecimiento económico, pueden no ser desdeñables. El conflicto no está castigando solo ni principalmente a los enemigos tradicionales de los hutíes, como EEUU e Israel, sino a países emergentes de Asia, a multitud de consumidores y empleados en varios continentes y, desde luego, a los propios yemeníes.
Es fundamental continuar con los esfuerzos para garantizar la seguridad de las tripulaciones y la libertad de navegación en la zona. Y, sobre todo, es esencial que los grupos terroristas de diverso pelaje que operan en territorios muy diversos (y los ideólogos que los sustentan) vayan asimilando que sus tácticas tienen muy poco recorrido y ninguna eficacia.
